Qué diferencia hay entre ahorrar, invertir y especular

Ahorrar es apartar dinero y conservarlo. Normalmente, el ahorrador se conforma con mantener el valor de su capital. Cuando alguien pone su dinero en un depósito bancario o en una cuenta de ahorro, de hecho no está invirtiendo. Aunque está obteniendo unos intereses, acostumbra a conformarse con que esos intereses le compensen por el aumento del coste de la vida.

El inversor, en cambio, coloca su dinero en un activo con la intención de obtener un beneficio. Compra un activo y espera obtener una plusvalía con su venta. Mientras que para el ahorrador lo importante es obtener un rendimiento de su dinero, a menudo el inversor piensa más en la plusvalía, la diferencia entre el precio de venta y el de compra. En tanto que el precio de venta es una variable desconocida, el inversor vive en un contexto de mayor incertidumbre que el ahorrador, por lo que debe tener una mayor disposición a asumir riesgos.

Sin embargo, no todos los inversores dan prioridad a las plusvalías. Algunos compran bienes inmuebles para alquilarlos, sin tener la intención de venderlos. Otros compran acciones para recibir dividendos cada año y no les preocupa las fluctuaciones de la bolsa porque no se proponen vender sus acciones. Pero eso no es muy frecuente. Los inversores suelen ponerse nerviosos con las variaciones de precio de sus activos.

Así, pues, lo que diferencia realmente el inversor del ahorrador es que el primero adquiere un activo, ya sea con objeto de venderlo y obtener una plusvalía, o de conservarlo de manera indefinida y obtener una renta anual.

Por otro lado, es posible que el inversor ni siquiera tenga ahorros sino que haya obtenido sus recursos de un crédito. El ahorrador, en cambio, siempre es propietario de su capital.

Cualquier inversor que tiene la intención de vender su activo en el futuro es un especulador. Se dice que esta palabra viene del latín speculator, que quería decir espía o un vigilante que observa desde un lugar elevado. De aquí la acepción de estar al acecho a la espera de una oportunidad para atacar. Desde este punto de vista, el especulador sería alguien que ocupa una posición privilegiada y que aguarda el momento para asestar su golpe.

Yo diría que la acepción de especulador tiene más afinidad con “esperar”, “esperanza” que con espiar. Especulador es “el que espera”, “el que tiene esperanza”. El concepto tiene afinidad con expectativa. El especulador es el que formula expecativas sobre el valor de un activo, o “el que está a la expectativa”. En este sentido, muchos de los que critican a los especuladores, lo son también, aunque este concepto del especulador como alguien que espera que el futuro le favorezca no tenga connotación negativa alguna, por mucho que el futuro no pueda favorecer a todos por igual. Es simplemente un deseo natural en el ser humano.

En cambio, un inversor que solo está preocupado por obtener rentas de su activo no es un especulador. No espera nada del precio futuro de su activo. Simplemente confía en seguir recibiendo rentas de su activo, a ser posible que sea de un modo creciente, que es lo que suele ocurrir con los dividendos de las acciones.

El inversor en acciones no especulador se parece al que describía Philip Fisher en Common Shares, Uncommon Profits (Acciones ordinarias, beneficios extraordinarios): aquel que solo vende sus acciones cuando la entidad de la que es accionista ha dejado de inspirarle confianza. No le preocupa lo que le pueda pasar al precio de esas acciones, simplemente no se siente cómodo teniéndolas. Es diferente del inversor que aprovecha la oportunidad en cuanto esta se presenta.

Lo que no suele explicarse es que el especulador muy a menudo es víctima de sus decisiones. El futuro no tiene por qué satisfacer nuestros deseos, pues otros esperan cosas diferentes que nosotros y el futuro no puede contentar a todos. Con mucha mayor frecuencia de la que imaginamos, el especulador se pierde la mayor parte de la subida del precio de un activo debido a su deseo de obtener una ganancia rápida o a su miedo de perder lo ganado. Otras muchas veces se ve obligado a asumir pérdidas. Pero a nadie le interesan las desventuras de un especulador, de manera que en el imaginario popular el especulador siempre gana. La sociedad actual sigue creando sus mitos, pero esa figura mitológica simplemente no existe.

La fábula del fondo de inversión Liebre y del fondo de inversión Tortuga

Imaginemos que podemos elegir entre dos fondos de inversión, uno llamado Liebre y el otro Tortuga, que presentan el siguiente historial de rentabilidades en los últimos siete años. ¿Cuál parece mejor, a simple vista?

Fondo_liebre_tortugaA pesar de haber sufrido dos años de fuerte caída, el Fondo Liebre se recupera bastante bien. Dos años de pérdida sobre un total de siete años está en consonancia con el comportamiento de la bolsa, pues la tercera parte de los años acostumbran a ser negativos en este mercado. En términos globales, el Fondo Liebre parece más rentable que el Fondo Tortuga.

De hecho, si calculamos la rentabilidad media de ambos fondos sumando las rentabilidades y dividiendo por 7, obtenemos que la del Fondo Liebre fue del 11,57% anual, mientras que la del Fondo Tortuga fue del 7,86% anual, una diferencia del 3,41% anual a favor del primero.

No obstante, no se puede calcular una media de porcentajes de este modo.

¿Cuál es la media de 25% y -25%? ¿Es 0%?

Veamos. Si al principio teníamos 100 y al cabo de un año ganamos un 25%, tendremos 125. Si al año siguiente perdemos un 25%, nos quedaremos con 93,75 euros, un 6,25% menos que al principio. Esto pasa porque el 25% de pérdida se aplica sobre un importe más elevado que el 25% de ganancia.

Por este motivo, cuando tenemos una serie de porcentajes es útil construir un índice. Lo primero que hacemos es establecer una base, normalmente 100, pero puede ser cualquier otro número. A continuación aplicamos a la base la rentabilidad del primer año (20% en el Fondo Liebre, 9% en el Fondo Tortuga). Sobre este valor aplicamos el porcentaje del segundo año y así sucesivamente. Se puede decir que este índice representa la evolución del valor de 100 euros invertidos a principios del año 1 (o, lo que es lo mismo, al final del año 0, que representa el momento base o inicial) hasta el final del año 7.

fondo_liebre_tortuga2Ahora se ve mucho más claramente la evolución de ambos fondos. Podemos comprobar que 100 euros invertidos en el Fondo Liebre se habrían convertido en 166,76 euros mientras que en el Fondo Tortuga habrían evolucionado hasta 169,53 euros. Por lo tanto, el Fondo Tortuga fue un poco más rentable.

¿Cómo es posible si la rentabilidad media del Fondo Liebre fue mucho más elevada? El caso es que no se puede calcular la media simple de una serie de porcentajes. Tenemos que calcular una media compuesta.

La rentabilidad media compuesta del Fondo Liebre es: (166,76 / 100)^(1/7) – 1 = 7,58% anual. La del Fondo Tortuga es: (169,53 / 100)^(1/7) – 1 = 7,83% anual.

La rentabilidad media compuesta y la simple son casi idénticas en el Fondo Tortuga. ¿Por qué? Porque no hay porcentajes negativos. En cambio, es muy diferente en el Fondo Liebre.

La presencia de porcentajes negativos nos crea un “espejismo” porque creemos que son menos negativos de lo que son en realidad. Por ejemplo, el saldo que queda después de ganar un 50% y de perder a continuación un 50% es una pérdida del 25% y no del 0% (de 100 paso a 150 y de 150 paso a 75).

Moraleja: Si no quieres sufrir alucinaciones numéricas, construye un índice.

Menos diversificación pero más seguridad

La mayoría de las carteras de Invertir Low Cost están concentradas en solo cinco valores. Sin embargo, presentan una volatilidad menor y una rentabilidad mayor que los índices de referencia. En el período del 31 de marzo de 2006 al 31 de diciembre de 2013 (un total de 31 trimestres),  tanto el IBEX-35 como la media de las empresas (IBEX empresas) tuvieron ocho trimestres con pérdidas mayores al 8%. En cambio, las carteras tuvieron entre tres y siete trimestres con pérdidas de tal magnitud. Es preciso recordar que la referencia más apropiada para nuestras carteras es el IBEX Empresas, ya que aquellas no contienen entidades financieras.

En cuanto a los trimestres con rentabilidades superiores al 10%, vemos que las carteras han tenido en general un menor número de trimestres con tales ganancias que el IBEX Empresas, a excepción de la Contrarian. En la tabla siguiente puede observarse que la cartera menos volátil ha sido la Valor Al Alza, pues es la que ha tenido un menor número de trimestres con pérdidas y ganancias más acusadas. A lo largo de ocho años, dicha cartera fue un 10% anual más rentable que el mercado en general.

Suele decirse que para ganar más hay que arriesgar más. Este postulado se conoce como la relación rentabilidad-riesgo. Es cierto cuando comparamos las acciones con los bonos o los depósitos bancarios. No obstante, cuando comparamos estrategias de inversión basadas en acciones, las estrategias conservadoras pueden ser más rentables que las más arriesgadas.

Tabla DR 31Trim

Ranking de bolsas del mundo 2014

La tabla recoge la evolución de las bolsas de 42 países más las de Hong Kong y Taiwan. Todos se encuentran entre los 53 de mayor PIB del mundo. Los restantes once países con mayor PIB no considerados son: Arabia Saudita, Venezuela, Irán, Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Nigeria, Pakistán, Rumania, Argelia, Kazajistán y Ucrania.

Seguimos la definición de mercado emergente de MSCI Barra, salvo para Corea y Taiwan, que los incluímos entre los mercados desarrollados. MSCI Barra ha pasado a considerar a Grecia como país emergente mientras que nosotros lo seguimos considerando mercado desarrollado.

Todos los países de la tabla caen dentro de la categoría de mercado desarrollado o de mercado emergente, salvo Argentina, que se considera un mercado frontera. El único mercado emergente según MSCI Barra que no incluimos es Egipto.

Ranking por zonas 2014

Ranking por países 2013

Ranking por zonas 2013

¿Qué valores del IBEX han sido más rentables?

El cuadro siguiente recoge la rentabilidad (plusvalías y dividendos) en términos anuales de los valores del IBEX-35, o que han formado parte de dicho índice hasta hace poco, de diciembre de 2004 a diciembre de 2013 (un total de nueve años). No figuran algunos valores que actualmente componen el selectivo porque a finales de 2004 todavía no cotizaban.

Las diez acciones que más ponderaban en el IBEX a finales de 2014 fueron Telefónica, Santander, BBVA, Telefónica Móviles, Repsol, Endesa, Iberdrola, Popular, Inditex y Gas Natural. De estas, las únicas que han superado al IBEX-35 han sido Inditex y Endesa.

Hay tres valores que han destacado especialmente: Viscofán, Inditex y Red Eléctrica. Después hay un grupo de nueve valores que han tenido una rentabilidad de entre el 8% y el 10% anual. Inditex y Red Eléctrica han formado parte del selectivo desde 2005 pero Viscofán se incorporó a principios de 2013.

Todos los bancos han quedado por debajo del IBEX, siendo el Santander el que mejor se ha comportado. La constructora Sacyr Vallehermoso, a pesar de que en 2013 subió un 128%, ha sido el valor menos rentable desde una perspectiva de largo plazo.

Hay que decir que no necesariamente los mejores valores lo seguirán siendo en el futuro, y menos a corto plazo. Se da la circunstancia de que los dos valores más rentables entre enero de 2005 y diciembre de 2013, Inditex y Viscofán, han estado entre los peores en el primer trimestre de 2014.

Rentabilidad de los valores del IBEX en 2013

Rentabilidad de los valores del IBEX en 2014

El problema con los dividendos

La estrategia que consiste en comprar los valores con mayor rendimiento por dividendo a veces nos hace seleccionar valores que no elegiríamos si tuviéramos más información.

Imaginemos que tanto la empresa A como la B reparten un dividendo por acción de 1 euro. Pero la empresa A reparte todo los beneficios mientras que la B sólo distribuye la mitad de lo que gana. La primera no reinvierte nuevos recursos, mientras que la segunda aumenta su capacidad de generación de beneficios y tendrá una mayor capacidad para incrementar su dividendo en el futuro. Por tanto, ambas empresas no son realmente comparables de acuerdo con un criterio basado únicamente en el dividendo.

Telefónica cerró el año 2010 a un precio de 16,97 euros. A lo largo de 2011, repartió un dividendo total de 1,52 euros, de modo que el rendimiento de las acciones fue de un 9% al final de 2010. El crecimiento del dividendo, un dato más importante que el rendimiento en sí mismo, también era notable, pues en 2007 había repartido 0,65 euros por acción. Suponía un incremento del 134% en cuatro años, que supone una tasa media de un 23,7% anual. Parecía una excelente inversión. Sin embargo, la compañía cotiza hoy cerca de los 11 euros.

La cuestión es que mientras el dividendo aumentó más del doble, los beneficios cayeron más de la mitad, una incongruencia. El año 2011, Telefónica ganó 5.402 millones de euros pero repartió 6.852 millones de euros en dividendos. Por un lado, repartía todos los beneficios, de manera que no reinvertía en el propio negocio. Por otro lado, debía echar mano de las reservas para pagar unos dividendos superiores al beneficio, de forma que se descapitalizaba. Así, en este caso está claro que un elevado rendimiento por dividendo no indicaba una buena inversión.

También hay que tener en cuenta que en un año determinado una empresa puede repartir un dividendo extraordinario que normalmente no se repetirá en el futuro. Esto hace que el rendimiento de la acción sea muy alto para ese año. Para que el criterio sea válido, debermos basarnos únicamente en los dividendos ordinarios.

En otro artículo he estudiado el resultado de una estrategia basada en este criterio en la bolsa española, para el período de marzo 2006 a marzo de 2012.

En cambio, un criterio basado únicamente en el beneficio por acción proporciona, a pesar de sus muchos defectos, una ventaja considerable respecto al índice de referencia.

No tema equivocarse

Imagine que en un momento dado invierte 5.000 euros a partes iguales en cinco acciones diferentes, con tan mala suerte que cuatro de las acciones no paran de caer. Sin embargo, una de las acciones sube un 15% anual. Un índice de aciertos de solo el 20%. ¿Cree que habrá sido un mal inversor?

Suponga que las cuatro acciones estrelladas pierden un 10% anual. Entonces uno puede pensar: si con cuatro acciones pierdo un 10% cada año y con una gano un 15% anual, la rentabilidad media será de -40% + 15% dividido entre cinco acciones. O sea, una pérdida del 5% anual. Sin embargo, este cálculo no es correcto porque no tiene en cuenta la rentabilidad compuesta y que los activos más rentables cada vez tienen más peso en la cartera. La rentabilidad media dependerá del plazo de tiempo considerado.

Veamos qué tendría al cabo de cinco años. En cada una de las cuatro acciones estrelladas, habría tenido una pérdida acumulada del 41% pero los 1.000 euros invertidos en la acción acertada se habrían convertido en 2.000 euros. En total tendría 4.373 euros. La rentabilidad media de la inversión original habría sido negativa en un 2,64% anual.

Ahora veamos que ocurre en un plazo de 20 años. Los 1.000 euros invertidos en cada una de las acciones equivocadas solo valdrán 122 euros. Así, de los 4.000 euros colocados en esas cuatro acciones solo le quedarán 480 euros. Hay que tener en cuenta que la pérdida NO se calcula así: -10% anual x 20 años. Eso daría una pérdida del 200%, lo cual es imposible porque lo máximo que se puede perder es el 100% de lo invertido. Una pérdida anual del 10% da como resultado una pérdida acumulada del 88% al cabo de 20 años. La cuestión es que a medida que pasa el tiempo la pérdida del 10% se aplica a un capital cada vez menor.

Al final de los 20 años lo que tendría sería lo siguiente: 121,6 euros por cada una de las cuatro acciones que hubieran perdido un 10% anual pero 16.366 euros por la que hubiera dado una rentabilidad del 15% anual. Así, los cinco mil euros iniciales se habrían convertido en 16.852 euros, lo cual supone una rentabilidad media del 6,26% anual, que no está tan mal. El caso es que el activo más rentable ocupa cada vez más “espacio” en la cartera, o sea pondera más, y compensa el mal comportamiento de los otros.

Incluso si lo perdiera todo en las cuatro acciones equivocadas, la rentabilidad media sería del 6,11% anual. Puestos a perder, ya poco importa si se pierde mucho o todo. Siempre, claro está, que una parte de la cartera haya estado bien invertida. En este ejemplo, solo la quinta parte de la cartera hubiera estado colocada en un activo rentable. Lo normal es que el índice de aciertos sea más elevado. Si uno decide al azar, puede esperar acertar la mitad de las veces. Tal vez no dará con una “joya” que le dé un resultado del 15% anual pero sí con un algunas acciones que le den un 10% anual.

Imagine, por ejemplo, que invierte 10.000 euros en diez acciones diferentes. En cinco de ellas, lo pierde absolutamente todo pero en las otras cinco gana un 10% anual. Al cabo de 20 años tendrá 33.637 euros, lo que implica una rentabilidad media del 6,25% anual. Un resultado muy similar al que obtendría con un solo acierto del 15% anual entre cinco acciones.

Cuanto mayor es el plazo de tiempo, más se acerca la rentabilidad global del capital a la del activo más rentable. En el primer caso (cuatro acciones en las que se pierde todo y una que gana el 15% anual), si el plazo es de 40 años, la rentabilidad media del capital invertido sería del 10,46%. Mil euros al 15% anual durante 40 años se convierten en cerca de 268.000 euros, lo que convierte en irrelevante la pérdida de los cuatro mil euros restantes.

En el segundo caso (cinco acciones en las que se pierde todo y otras cinco en las que se gana el 10% anual), se perdería todo con la mitad de lo invertido pero la otra mitad se habría convertido en unos 226.000 euros, siendo la rentabilidad media del 8,11% anual. En este caso, el índice de aciertos hubiera sido del 50%, muy superior al del caso anterior, que era de solo uno entre cinco posibilidades. Aún así, la rentabilidad media de todo el período hubiera sido menor que perdiéndolo todo con el 80% del capital pero obteniendo un gran acierto con el 20% del capital restante.

En resumen, cuanto más pasa el tiempo, menos importancia tienen los errores y mayor importancia los grandes aciertos.

Rentabilidad de las estrategias por trimestres en 2013

Este año, todas las carteras han batido la rentabilidad con dividendos del IBEX-35 pero no todas lo han hecho respecto a la media de las empresas del índice (es decir, sin entidades financieras). Las mejores han sido la Contrapunto y la Valor Al Alza, con una ganancia anual de más del 40%.

El cuadro siguiente recoge la evolución trimestre a trimestre de las nueve carteras así como de las referencias del mercado.

Larga vida al nuevo ciclo alcista

Del estudio de los ciclos de la bolsa española desde abril de 1947 hasta la actualidad podemos extraer la siguiente regla general: cuando el índice cae un 15% desde su anterior máximo, la caída prosigue hasta superar el 30%.

Si definimos un ciclo bajista como aquel en el que el Índice General de la Bolsa de Madrid baja al menos un 15% desde su anterior máximo, y un ciclo alcista como aquel en que dicho índice sube al menos un 20% desde su mínimo más reciente, hallamos 18 ciclos bajistas y otros tantos ciclos alcistas desde abril de 1947.

Lo primero que se observa, como avanzaba al principio, es que rara vez la caída se detiene en un 15 o 20%. Sólo en dos ocasiones ocurrió esto. La pimera tuvo lugar entre marzo de 1970 y enero de 1971, cuando la bolsa limitó su caída a un 21%. La segunda, en octubre de 2007, mes en que el índice general perdió un 17% entre los valores de cierre de los días 1 y 28 de aquel mes. Sin embargo, hay que tener en cuenta que en la apertura del día 28 de octubre, el IBEX cayó cerca de un 15% y acumulaba una pérdida del 26% desde el máximo alcanzado al principio del mes. De hecho, el valor del 28 de octubre está distorsionado por una circunstancia excepcional: la Bolsa retrasó el horario de cierre de las operaciones ante la avalancha de órdenes de compra que se produjo en los últimos compases de la sesión, provocada por la sólida recuperación de Wall Street.

Los 18 ciclos bajistas que ha habido en las últimas seis décadas se han saldado con una caída media del índice del 37%. En diez de ellos, la caída fue del orden del 30-38%, en cinco, de alrededor del 50%, y en sólo tres fue de entre el 17% y el 26%.

De acuerdo con la definición anterior, el 33,2% del tiempo, la bolsa española estuvo en un ciclo bajista y el 66,8%, en un ciclo alcista.

Algunos de estos ciclos no son en realidad ciclos bajistas sino desplomes en medio de un ciclo alcista, en particular los de 1987, 1997 y 1998, que duraron entre 1 y 3 meses. Si definimos los ciclos bajistas como aquellas caídas superiores al 25% y que tuvieron lugar a lo largo de varios meses e integramos ese tipo de desplomes dentro de los ciclos alcistas, encontramos nueve ciclos bajistas y nueve alcistas desde abril de 1947. Con esta nueva definición, el tiempo en el que la bolsa española fue bajista fue el 33,8% del total y el tiempo en que fue alcista fue el 66,2% del total.

Sin embargo, en muchas ocasiones el ciclo alcista subsiguiente no permitió recuperar todas las pérdidas ocasionadas por el ciclo bajista anterior. Propongo, por tanto, definir los ciclos alcistas como aquellos que permiten compensar o superar la pérdida previa. Desde este punto de vista, obtenemos  seis grandes ciclos bajistas y cinco grandes ciclos alcistas en el período que va de abril de 1947 a julio de 2012.

Cuatro de estos seis grandes ciclos bajistas duraron entre 2 y 3 años. Uno de ellos duró nada menos que casi nueve años: el que empezó en abril de 1974 y concluyó en diciembre de 1982. El más reciente de ellos, el que se inició en noviembre de 2007 y que llegó a su fin en julio de 2012, duró casi cinco años.

Todos estos grandes ciclos alcistas se saldaron con una minusvalía de entre el 45% y el 70%, siendo el de 2007-2012 uno de los peores, con una caída del índice del 65%. Aunque si tenemos en cuenta los dividendos, las pérdidas efectivas fueron menores.

En cuanto a los cinco grandes ciclos alcistas, tres de ellos duraron alrededor de 7 años. Uno de ellos fue excepcionalmente extenso, casi 15 años, de septiembre de 1959 hasta abril de 1974, pero al mismo le siguió un ciclo bajista que también fue excepcionalmente largo, que es el que he comentado hace un momento. El ciclo alcista que empezó en marzo de 2003 y acabó en septiembre de 2007, fue el más breve de los grandes ciclos alcistas, con una duración de menos de cinco años.

El 35,1% del tiempo, la bolsa española estuvo inmersa dentro de un gran ciclo bajista y el 64,9% dentro de un gran ciclo alcista, porcentajes bastante similares a los obtenidos en los ciclos cortos y medios.

Y ahora, ¿en qué situación estamos?  En julio de 2012 concluyó una tendencia bajista que fue igual de larga que la alcista precedente (2003-2007): ambas duraron 57 meses. Esto representa una anomalía, ya que los ciclos bajistas acostumbran a ser más breves que los alcistas. Entre marzo de 2009 y enero de 2010, la bolsa española subió un 77% pero esta alza no permitió recuperar las pérdidas acumuladas y dio paso a una caída aún más profunda que la anterior. Sin embargo, desde julio de 2012 parece haberse iniciado el que puede ser el sexto gran ciclo alcista de la bolsa española desde 1947. Confío en que sea así y que la ley de la compensación nos proporcione un ciclo especialmente largo, aunque tendremos que recordar que todos los ciclos alcistas tienen sus desplomes. Todos…menos el de 2003-2007, que no tuvo ninguno mientras duró. ¿Será que los ciclos alcistas sin desplomes están condenados a ser breves?

La relación precio-beneficio

Qué es la relación precio-beneficio

La relación precio-beneficio es el ratio bursátil más conocido y utilizado. Suele conocerse por las siglas PER, del inglés Price-Earnings Ratio. Es el resultado de dividir el precio por el beneficio por acción.

Podemos encontrar el beneficio por acción anual en las dos últimas líneas de la cuenta de resultados consolidada anual (o «cuenta de pérdidas y ganancias consolidada») que las sociedades cotizadas deben remitir a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV). Este documento lo podemos encontrar en la página web de la entidad y en la de la CNMV.

Si usted compra una acción de una sociedad por 20 euros y el beneficio por acción de esa sociedad es de 2 euros, su acción le convierte en propietario de 2 euros de los beneficios de la empresa. Eso no significa que la sociedad vaya a pagarle 2 euros por cada acción. Usted acepta que la entidad le pague una parte, por ejemplo la mitad, en forma de dividendos y que reinvierta la otra parte para poder incrementar beneficios, y por tanto los dividendos, en el futuro.

Cuando tenemos el beneficio por acción, calcular el PER es muy sencillo. Basta dividir el precio de la acción por esa magnitud.

El PER nos da una idea de si la acción está cara o barata. A diferencia de los bienes corrientes, el precio de una acción no nos dice nada. Unas acciones a 100 euros pueden estar más baratas que otras a 2 euros. En bolsa, el precio es relativo y esa relatividad nos la da el PER. Si las acciones de 100 euros tienen un beneficio por acción de 10 euros, su PER será de 10 veces. Si las acciones de 2 euros tienen un beneficio por acción de 0,1 euros, su PER será de 20 veces. Esto significa que las que valen 2 euros son el doble de caras que las que valen 100 euros porque al comprar las de 2 euros, uno está pagando 20 veces el beneficio que corresponde a cada acción mientras que si uno compra las de 100 euros sólo paga 10 veces por el mismo concepto.

¿Es el PER un buen criterio de selección?

Para poner a prueba este criterio, cada semestre acabado el 31 de marzo y el 30 de septiembre seleccioné los siete valores del IBEX-35 con un PER menor y calculé su rentabilidad en los siguientes seis meses. En los semestres acabados el 31 de marzo, tomé el beneficio por acción correspondiente al año anterior. En los semestres acadabdos el 30 de septiembre, el beneficio por acción acumulado desde el segundo semestre del año anterior hasta el primer semestre del año corriente.

Los resultados pueden verse en la columna 7 de la tabla siguiente.

Fecha inicial

Fecha final

IBEX-35

Media 35 valores

7 valores con

menor PER

100,0 €

100,0 €

100,0 €

31 mar-2006

30 sep-2006

11,2%

111,2 €

9,2%

109,2 €

18,6%

118,6 €

30 sep-2006

31 mar-2007

14,7%

127,5 €

19,0%

129,9 €

22,1%

144,8 €

31 mar-2007

30 sep-2007

1,3%

129,2 €

-6,4%

121,6 €

-2,6%

141,0 €

30 sep-2007

31 mar-2008

-7,7%

119,3 €

-10,7%

108,7 €

-9,0%

128,3 €

31 mar-2008

30 sep-2008

-15,1%

101,3 €

-19,2%

87,7 €

-22,2%

99,8 €

30 sep-2008

31 mar-2009

-26,8%

74,1 €

-26,1%

64,9 €

-23,1%

76,8 €

31 mar-2009

30 sep-2009

55,5%

115,2 €

60,3%

104,0 €

95,9%

150,5 €

30 sep-2009

31 mar-2010

-5,6%

108,8 €

-3,5%

100,4 €

-5,5%

142,2 €

31 mar-2010

30 sep-2010

-0,2%

108,6 €

-7,5%

92,9 €

-10,8%

126,9 €

30 sep-2010

31 mar-2011

3,2%

112,0 €

13,3%

105,2 €

32,6%

168,3 €

31 mar-2011

30 sep-2011

-16,4%

93,7 €

-20,5%

83,6 €

-15,7%

141,9 €

30 sep-2011

31 mar-2012

-3,4%

90,5 €

-1,1%

82,7 €

-0,8%

140,8 €

Como puede observarse, cada 100 euros invertidos siguiendo este criterio de selección se hubieran convertido en 140,8 euros seis años después, significativamente más que los 82,7 euros de una cartera con los 35 valores del índice (media de referencia) o los 90,5 euros de una cartera con la misma composición y ponderaciones del IBEX-35.

En términos anuales, una cartera que al principio de cada semestre contara con los 7 valores con menor PER del índice hubiera generado una rentabilidad media del 5,86% anual frente a una pérdida del 3,11% anual de una cartera con los 35 valores y una pérdida del 1,66% anual del IBEX. Esto supone una ventaja de casi el 9% anual respecto a la media de referencia.

Hay que destacar, además, que en nueve de los doce semestres la estrategia fue más rentable que la media de referencia.

Podemos concluir, por tanto, que utilizar la relación precio-beneficio como criterio de selección produce resultados notables y que permite a un inversor sin demasiados recursos tener una cartera con pocos valores de la que se puede esperar una rentabilidad superior a la del índice de referencia.

La selección de valores en base a este criterio hubiera escandalizado a cualquier experto

El 30 de septiembre de 2007, de los siete valores seleccionados cuatro pertenecían al sector de la construcción y dos eran bancos. Una maravilla de cartera para afrontar el inicio de la doble crisis: la de la construcción y la financiera.

El 31 de marzo de 2008, un ferviente defensor de esta estrategia se hubiera empeñado en mantener tres constructoras y un banco en su cartera. No hubiera descartado una constructora y un banco debido a sus temores por lo que se estaba viniendo encima sino a que dichos valores habían descendido puestos en la clasificación del PER.

El 30 de septiembre de 2008, en plena tormenta financiera, hubiera liquidado totas las constructoras y el banco que tenia en cartera en el semestre precedente, no por la que estaba cayendo sino porque se habian vuelto a encarecer en términos relativos por PER.

El 31 de marzo de 2009, poco después de que la crisis financiera alcanzar su punto culminante, hubiera elegido cuatro entidades financieras (Mapfre incluida). Una cartera muy bien diversificada para los tiempos que corrían…

El 31 de marzo de 2010, en la segunda embestida de la doble crisis, hubiera seleccionado tres constructoras y tres entidades financieras, seis valores (sobre un total de siete) expuestos a los sectores más delicados.

A pesar de todo, hubiera obtenido nueve puntos anuales de ventaja sobre el mercado. Algo que casi ningún gestor profesional pudo conseguir, lo que demuestra que un pequeño capital gestionado por un inversor sin prejuicios puede obtener mejores resultados que un gran capital administrado con las teorías más sofisticadas.

Otras estrategias a examen:

El rendimiento por dividendo

La relación entre el precio y el valor contable

Los «perros» de la bolsa

La rentabilidad sobre recursos propios

La relación precio-beneficio

Por qué no es buena idea comprar bonos

Se utiliza la palabra genérica bonos para referirse a títulos que dan un interés fijo y que tienen un vencimiento superior a los dos años. Cuando compro un bono del Estado a 5 años, le estoy prestando mi dinero al gobierno a cambio de un interés fijo anual y del derecho a recuperar mi inversión incial al cabo de ese período. Actualmente hay en el mercado bonos con vencimientos de entre 2 y 30 años. Los títulos a interés fijo con vencimientos inferiores suelen llamarse letras o pagarés. También las empresas emiten bonos, normalmente con vencimientos no mayores a 10 años.

Imaginemos un inversor que dispone de 10.000 euros para invertir. En el mes de enero de 2012 decide comprar bonos del Estado con un interés del 4%. Supondremos que la inflación es también del 4%.

Tal vez haya supuesto que si el interés es del 4% y la inflación también es del 4%, el interés real será igual a cero. En tal caso, ¿es correcta su suposición?

Para contestar esta pregunta, lo mejor puede ser comparar la renta que recibe nuestro inversor con un gasto que puede efectuar gracias a dicha renta. Supondremos que en enero de 2012 tiene que afrontar un gasto de 400 euros. Espera poder cubrir ese gasto en enero de 2013 con los intereses que reciba del bono. Sin embargo, como la  inflación es del 4%, ese gasto de 400 euros se ha convertido en uno de 416 euros: tiene un déficit de 16 euros. Sin embargo, él recibe unos intereses de 400 euros, puesto que le pagan un interés del 4% sobre una inversión de 10.000 euros. Así que esos 400 euros que recibe al cabo de un año ya no valen lo mismo que valían un año antes, puesto que no le permiten cubrir un gasto que suponía un desembolso de 400 euros en enero de 2012 pero que un año más tarde le implica un desembolso de 416 euros.

Expresamos esta pérdida de valor del dinero dividiendo los 400 euros por la unidad más la inflación: 400 / 1,04, que da 384,6 euros. En otras palabras, actualizamos la renta futura teniendo en cuenta el valor del dinero en el  momento de realizar la inversión. Expresado de esta manera, el déficit es de 15,4 euros (400-384,6).

Antes he dicho que el déficit era de 16 euros. Esta se diferencia se debe a que los 16 euros de 2013 tienen,, a su vez, un valor actual en euros de 2012 de 16/1,04, que es 15,4 euros.

Entonces, podemos decir que el interés real no es del 4% sino del 3,846%. Usted había supuesto que el interés real era igual a cero. ¿Estaba usted equivocado? Espere un momento.

Veamos lo que ocurre en enero de 2014. Nuestro inversor recibe, al igual que el año anterior, 400 euros. Pero el gasto que en enero de 2012 era de 400 euros y en enero de 2013 de 416 euros, ahora es de 432,64 euros (400 x 1,04 x 1,04). Esta circunstancia la expresamos diciendo que los 400 euros recibidos en enero de 2014 tienen un valor actual de 400 dividido por (1,04)x(1,04), que da 369,82 (siendo el déficit de 369,82 – 400 =30,18 euros). Así que el interés real en 2014 resultaría ser del 3,698%.

Siguiendo de esta manera, vemos cómo el «título de renta fija» es, en realidad, un título de renta real decreciente, porque cada ingreso genera un déficit cada vez mayor respecto a los gastos, ya que la renta no aumenta y los gastos sí. En otras palabras, el poder adquisitivo de la renta es cada vez menor.

Recuerde que el primer año tiene un déficit de 15,4 euros, el segundo de 30,2 euros. Si sumamos el déficit que acumula en 5 años porque sus intereses no cubren sus gastos, la suma total es de 219,27 euros. Sin embargo, recibe 5 veces unos intereses de 400 euros, o sea 2.000 euros en total. ¿Significa eso que en realidad gana 1780,73 euros?

Todavía nos falta una cosa. ¿Qué ocurre cuando a nuestro inversor le devuelven, al cabo de 5 años, los 10.000 euros que ha invertido? Lo mismo que a los intereses: se habrán depreciado con la inflación acumulada en este tiempo. Como la inflación ha sido del 4% anual, en 5 años la inflación acumulada habrá sido del 21,66% (1,04 elevado a 5 y luego le restamos la unidad). Entonces el valor en euros de 2012 de 10.000 euros recibidos en 2017 es de 8.219,27 euros (10.000 dividido por 1,21665). Es decir, recibe un dinero que se ha depreciado en 1.780,73 euros.

Nuestro inversor ha estado recibiendo intereses fijos de 400 euros que cada vez tenían un poder adquisitivo menor, pero al menos pensaba que estaba obteniendo un rendimiento real positivo, aunque este fuera decreciente. Sin embargo, ahora se da cuenta que tiene que descontar la pérdida que le reporta el hecho de que le devuelvan un dinero depreciado.

En total, habrá recibido 2.000 euros en intereses. Pero habrá perdido 219,27 euros por la depreciación de valor de los intereses. Y también  habrá perdido 1.780,73 euros por la depreciación de valor del dinero invertido. Ambas cantidades suman exactamente 2.000 euros. En definitiva, la mayor parte, con diferencia, de su pérdida viene originada por la pérdida de poder adquisitivo de la cantidad invertida. Esta hábil jugada es uno de los grandes inventos de los gobiernos.

Así, pues, su suposición era correcta. Tal vez sólo le faltaba ser consciente de dónde procedía la mayor parte de la pérdida.

No he mencionado el hecho de que nuestro pobre inversor habrá tenido que pagar impuestos por los intereses recibidos, en definitiva por no haber ganado nada…

Hay una manera de evitar que el interés que proporcionan los bonos vayan perdiendo poder adquisitivo a lo largo del tiempo: es reinvertir esos rendimientos a una tasa de interés no inferior a la de la inflación. Sin embargo, eso significa ¡que nunca podremos disponer de esa renta! ¿Podemos considerar renta un dinero del que no podemos disponer?

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