Qué diferencia hay entre ahorrar, invertir y especular

Ahorrar es apartar dinero y conservarlo. Normalmente, el ahorrador se conforma con mantener el valor de su capital. Cuando alguien pone su dinero en un depósito bancario o en una cuenta de ahorro, de hecho no está invirtiendo. Aunque está obteniendo unos intereses, acostumbra a conformarse con que esos intereses le compensen por el aumento del coste de la vida.

El inversor, en cambio, coloca su dinero en un activo con la intención de obtener un beneficio. Compra un activo y espera obtener una plusvalía con su venta. Mientras que para el ahorrador lo importante es obtener un rendimiento de su dinero, a menudo el inversor piensa más en la plusvalía, la diferencia entre el precio de venta y el de compra. En tanto que el precio de venta es una variable desconocida, el inversor vive en un contexto de mayor incertidumbre que el ahorrador, por lo que debe tener una mayor disposición a asumir riesgos.

Sin embargo, no todos los inversores dan prioridad a las plusvalías. Algunos compran bienes inmuebles para alquilarlos, sin tener la intención de venderlos. Otros compran acciones para recibir dividendos cada año y no les preocupa las fluctuaciones de la bolsa porque no se proponen vender sus acciones. Pero eso no es muy frecuente. Los inversores suelen ponerse nerviosos con las variaciones de precio de sus activos.

Así, pues, lo que diferencia realmente el inversor del ahorrador es que el primero adquiere un activo, ya sea con objeto de venderlo y obtener una plusvalía, o de conservarlo de manera indefinida y obtener una renta anual.

Por otro lado, es posible que el inversor ni siquiera tenga ahorros sino que haya obtenido sus recursos de un crédito. El ahorrador, en cambio, siempre es propietario de su capital.

Cualquier inversor que tiene la intención de vender su activo en el futuro es un especulador. Se dice que esta palabra viene del latín speculator, que quería decir espía o un vigilante que observa desde un lugar elevado. De aquí la acepción de estar al acecho a la espera de una oportunidad para atacar. Desde este punto de vista, el especulador sería alguien que ocupa una posición privilegiada y que aguarda el momento para asestar su golpe.

Yo diría que la acepción de especulador tiene más afinidad con “esperar”, “esperanza” que con espiar. Especulador es “el que espera”, “el que tiene esperanza”. El concepto tiene afinidad con expectativa. El especulador es el que formula expecativas sobre el valor de un activo, o “el que está a la expectativa”. En este sentido, muchos de los que critican a los especuladores, lo son también, aunque este concepto del especulador como alguien que espera que el futuro le favorezca no tenga connotación negativa alguna, por mucho que el futuro no pueda favorecer a todos por igual. Es simplemente un deseo natural en el ser humano.

En cambio, un inversor que solo está preocupado por obtener rentas de su activo no es un especulador. No espera nada del precio futuro de su activo. Simplemente confía en seguir recibiendo rentas de su activo, a ser posible que sea de un modo creciente, que es lo que suele ocurrir con los dividendos de las acciones.

El inversor en acciones no especulador se parece al que describía Philip Fisher en Common Shares, Uncommon Profits (Acciones ordinarias, beneficios extraordinarios): aquel que solo vende sus acciones cuando la entidad de la que es accionista ha dejado de inspirarle confianza. No le preocupa lo que le pueda pasar al precio de esas acciones, simplemente no se siente cómodo teniéndolas. Es diferente del inversor que aprovecha la oportunidad en cuanto esta se presenta.

Lo que no suele explicarse es que el especulador muy a menudo es víctima de sus decisiones. El futuro no tiene por qué satisfacer nuestros deseos, pues otros esperan cosas diferentes que nosotros y el futuro no puede contentar a todos. Con mucha mayor frecuencia de la que imaginamos, el especulador se pierde la mayor parte de la subida del precio de un activo debido a su deseo de obtener una ganancia rápida o a su miedo de perder lo ganado. Otras muchas veces se ve obligado a asumir pérdidas. Pero a nadie le interesan las desventuras de un especulador, de manera que en el imaginario popular el especulador siempre gana. La sociedad actual sigue creando sus mitos, pero esa figura mitológica simplemente no existe.

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