La cartera excesivamente concentrada de Warren Buffett

Warren Buffett, el inversor con el mejor registro de rentabilidad a largo plazo, dirige el conglomerado empresarial Berkshire Hathaway, formado por compañías no cotizadas en bolsa y por otras que sí cotizan.

La cartera de valores cotizados sorprende por su escasa diversificación. El 22,7% está concentrada en un solo valor, Apple. El 73,3% se halla dividido en solo seis compañías: además de Apple, los bancos Wells Fargo y Bank of America, la alimentaria Kraft Heinz, Coca-Cola y American Express.

La tabla siguiente recoge las principales posiciones y su valor de mercado el 30 de julio de 2018, elaborada a partir de información recopilada por la CNBC.

Aunque es conocido su poco interés por las tecnológicas, en pocos años Buffett ha llegado a amasar casi el 5% del capital de la empresa que fabrica el iPhone. Empezó a comprar acciones a mediados de 2016, cuando el precio rondaba los 100 $ (ahora están a cerca de 190 $).

El “mago de Omaha“ está considerado el mejor inversor de la historia debido a su largo historial, que data desde 1965, y a la consistencia de sus resultados. En 53 años, el valor contable de Berkshire Hathaway solo ha retrocedido (y como máximo un 10%) en 2001 y en 2008. A diferencia de otros ilustres inversores, no ha cometido grandes errores, como ha sido el caso de Carl Icahn. El “mejor inversor del mundo“ firma su cuarto año desastroso consecutivo.

El inversor declaró hace tiempo, según recoge el libro The Warren Buffett Way, publicado en 1994, que debía su éxito a solo un puñado de empresas, sin las cuales sus resultados habrían sido simplemente mediocres. De hecho, el resultado de Berkshire Hathaway fue inferior en 2,66 puntos anuales al del índice S&P 500 con dividendos entre 2009 y 2016. Lo que quizá le ha faltado en este período ha sido un gran acierto, como el que ha tenido recientemente con Apple. Pocos grandes aciertos y pocos grandes errores, esta parece ser la receta de su éxito, una idea que desarrollé extensamente en mi libro El inversor afortunado.

Normalmente, los fondos de inversión no tienen, ni suelen poder tener, carteras tan concentradas. La directiva UCITS de la Unión Europea impone un límite del 10% de la cartera en una posición y establece además que la suma de los valores que ponderan más del 5% no puede superar el 40% (es la regla conocida como 5/10/40). Los fondos indexados quedan exceptuados de estas condiciones ya que replican índices en los que algunos valores pueden ponderar más del 10%, como ocurre en el IBEX 35.

Un inversor debe evitar sobreponderar en exceso un solo valor. Hay que tener en cuenta que la cartera cotizada de Buffett es solo una parte dentro del grupo Berkshire Hathaway, que tiene una fuerte presencia en compañías de seguros y medios de comunicación, entre otras compañías, cuyas acciones no se negocian en los mercados. Un capital no muy elevado sí puede estar concentrado en cinco valores pero cada uno con el mismo peso.

 

Una cartera de valores que paga dividendos cada mes

¿Cuál es el número mínimo de valores que deberíamos tener en cartera para recibir dividendos cada mes? ¿Y cuál sería el capital mínimo necesario?

El cuadro siguiente indica el mes en que descuentan dividendo los valores del IBEX 35 (recuadros en gris) y del IBEX Medium Cap (recuadros en blanco).

Algunos remuneran a sus accionistas una vez al año,  otros dos veces, mientras que Ebro Foods lo hace en tres plazos y Bankinter, Santander y Catalana Occidente, en cuatro. De un año para otro, las fechas pueden variar, sobre todo de un mes al siguiente o al anterior, por lo que se trata de un calendario aproximado.

El número mínimo de valores para recibir dividendos cada mes es de seis.

Por ejemplo, una cartera formada por Santander, Catalana Occidente, Logista, Grifols, Gas Natural e IAG tendría el siguiente calendario de ingresos:

Los brokers suelen cobrar alguna comisión por cada ingreso de dividendos. El broker online de CaixaBank, por ejemplo, cobra 1 €. En este sentido, es mejor un dividendo único ya que la comisión se paga una sola vez. Cuando el dividendo se lleva a cabo en cuatro veces, la comisión se paga también cuatro veces.

Para que una comisión de 1€ no represente más del 2% en términos porcentuales, cada ingreso neto debe ascender a por lo menos 50 €. Por tanto, si queremos tener acciones del Santander, tendremos que poseer un número mínimo de acciones del banco para que cada ingreso neto sea de al menos 50 €.

Como el banco hará tres pagos en efectivo de 0,065 € brutos (0,05265 € netos) entre julio de 2018 y abril de 2019, el número de acciones mínimo debería ser de 950 (ya que 950 x 0,05265 € = 50 €). A un precio de 5,2 €, supondría una inversión de unos 5.000 €.

Para que la cartera estuviera equilibrada, también debería invertirse 5.000 € en cada uno de los otros cinco valores, o sea 30.000 € en total. Sin embargo, en otros valores con menor rendimiento por dividendo la comisión porcentual sería más elevada. En todo caso, al haber 16 pagos anuales, el total de comisiones sería de 16 €, que supondría un 0,053% sobre el total del capital.

El dividendo de menor cuantía del Santander será de 0,035 € brutos en octubre de 2018, 0,02835 € netos, pero será bajo la modalidad Dividendo Elección. Es decir, esta remuneración se podrá cobrar en acciones. Si se quisiera recibir el pago en efectivo, el número mínimo de acciones ya debería ser de 1765, lo que implicaría una inversión de 9.175 € y el total de la cartera debería ascender a 55.000 € para que todas las acciones tuvieran la misma ponderación.

Algunos brokers no cobran ninguna comisión por ingreso de dividendos, por lo que son los más idóneos para una cartera de estas características.

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Carteras Dividendo

 

 

 

¿Qué es mejor, un fondo de inversión o una cartera de valores?

Cuando uno se plantea invertir en bolsa se puede preguntar si es mejor hacerlo por cuenta propia a través de una cartera de valores o confiar los ahorros a un fondo de inversión.

Personas que tienen un fondo de renta variable me han comentado que no lo entienden realmente y sobre todo no saben qué hacen los gestores. ¿Se pasan estos el día comprando y vendiendo? ¿Cómo eligen las acciones? ¿Cómo manejan el riesgo?

Tener una cartera de valores permite entender mejor qué significa invertir en acciones. Uno se siente propietario de un conjunto de empresas en las que confía por determinadas razones y de forma periódica recibe una participación en los beneficios. A través de una cartera de valores se es accionista de unas sociedades mientras que a través de un fondo se es partícipe de una entidad de la que probablemente no sabemos nada de los gestores y cuya filosofía de inversión desconocemos.

La ventaja principal de un fondo de inversión es la comodidad ya que puede ser adquirido mediante una única orden, mientras que hacer una cartera de valores requiere tiempo para seleccionar las acciones y para llevar a cabo las órdenes de compra. Pero la comodidad tiene un coste. A veces compramos un plato preparado en el supermercado por tres euros que podríamos hacer en casa por 50 céntimos. El conjunto de gastos que cobra un fondo de inversión no es de tal calibre sino de un máximo del 2,25% cuando es de renta variable. ¿Es como si el plato preparado nos saliera a 51 céntimos en vez de a 3 euros?

No, en primer lugar tenemos que abonar la comisión de gestión aunque hayamos tenido pérdidas. Es como si por el solo hecho de entrar en el supermercado tuviéramos que pagar. Pero lo más importante tiene que ver con lo que dejamos de ganar en términos acumulados como consecuencia de las comisiones. Una comisión del 2,25% sobre una rentabilidad del 10,25% anual que puede obtener un buen fondo, supone un 8% anual para el partícipe. Al cabo de 10 años, habremos perdido el 30% de nuestros beneficios, al cabo de 20 años el 39%, al cabo de 30 años el 49% y al cabo de 40 años el 57%.

Comprar participaciones en un fondo de inversión tiene sentido si este supera la rentabilidad del mercado o si presenta una combinación rentabilidad-riesgo mejor de la que podríamos conseguir por nosotros mismos, cuando creemos en la política de inversión y cuando tenemos confianza en el gestor.

Si uno se dedica a buscar fondos que tengan una filosofía de inversión con la que se sienta identificado, comprobará que la mayoría carece de una política definida. Algo que se constata en los informes o cartas que estos envían a sus partícipes, a menudo de una pobreza extrema en cuanto a contenido. Sin embargo, es importante entender y compartir la filosofía de gestión porque cuando el mercado cae, el desconocimiento de la política y los objetivos del fondo puede jugarnos malas pasadas. Es más difícil, en cambio, que liquidemos a la primera de cambio una cartera de valores que hayamos seleccionado con esmero.

Es sabido que muchos partícipes en instituciones de inversión colectiva obtienen una rentabilidad muy inferior a la de la propia institución porque van a contracorriente: compran cuando el mercado está alto y venden cuando está bajo. Si uno se plantea invertir en bolsa a través de fondos, lo recomendable es hacerlo de forma regular (por ejemplo cada trimestre o cada año) porque de este modo no solo evitará vender a precios de saldo sino que en ocasiones comprará a esos precios.

La ventaja principal de los fondos es su tratamiento fiscal, pues las plusvalías que obtienen los gestores solo tributan al 1%, por lo que la práctica totalidad de las mismas se reinvierte. En cambio, las pluvalías realizadas en una cartera de valores tributan en la base imponible del ahorro aunque se reinviertan. Sin embargo, es posible gestionar una cartera de forma que apenas pague impuestos sobre plusvalías: se trata de vender con regularidad los valores con pérdidas para aflorar minusvalías, las cuales se pueden compensar con plusvalías, y evitar vender los valores donde acumulamos mayores ganancias o hacer ventas parciales de estos, de modo que las plusvalías queden totalmente compensadas por las minusvalías.

La mayoría de ahorradores que compra participaciones en un fondo de renta variable lo hace por consejo de su entidad financiera. Pero uno debería tomarse su tiempo ya que es una decisión para el largo plazo. Una primera aproximación puede hacerse a través de la página web de Morningstar, que realiza rankings sobre fondos de inversión de todo tipo. A partir de aquí podemos seleccionar los que tengan mejor historial de rentabilidad o mejor relación rentabilidad-riesgo. A continuación es recomendable hacer una selección cualitativa, es decir, indagar acerca de la filosofía de inversión del fondo y leer los informes de los gestores para ver qué tipo de información proporcionan y si esta nos resulta útil.

Hay que evitar comprar un fondo únicamente porque tiene un buen historial. En otra ocasión me he referido a Carl Icahn, considerado uno de los mejores inversores del mundo en 2013. Su estrecha relación con los círculos de poder político parecía garantizarle acceso a información privilegiada y su naturaleza de inversor activista (aquel que influye en las decisiones de las empresas en las que toma participaciones significativas) eran dos bazas que presumiblemente le harían imbatible. Sin embargo, entre 2014 y 2017 perdió un 38% mientras que el índice S&P 500 de la bolsa estadounidense ganó un 57%. Icahn estaba apostando en contra de la bolsa mediante operaciones al descubierto y a favor del arriesgado sector de las materias primas, por lo que un potencial inversor que estuviera bien informado al respecto tal vez habría buscado otra opción menos brillante pero más acorde con su propio perfil.

Elegir un fondo de inversión, o varios, con acierto da en última instancia más trabajo del que parece, casi tanto como seleccionar una cartera de valores.

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La Falacia del Nirvana o la búsqueda de la cartera ideal

La cartera Guru Focus Consensus está compuesta por los 25 valores más seleccionados por los mejores inversores y es elaborada y actualizada cada año por Gurufocus.com. Representa una cartera ideal, en tanto que está integrada por los valores preferidos por aquellos que obtienen mejores resultados de sus decisiones de inversión.

Desde su inicio, el 23 de mayo de 2006, hasta el 14 de octubre de 2015, la cartera se había revalorizado un 56,6% mientras que la referencia del mercado, el índice S&P 500, había subido un 58,7%.

Es decir, esta selección ideal no ha conseguido su objetivo, que era batir ampliamente al mercado. En este caso se cumple la Falacia del Nirvana, que la Wikipedia define como el “error lógico de comparar cosas reales con cosas irreales o alternativas idealizadas. También puede referirse a la tendencia de suponer que existe una solución perfecta a un problema particular”.

 

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