Por qué los dividendos en acciones son igual de válidos (o mejores) que en efectivo

Muchos inversores creen que un dividendo pagado en acciones es como el timo de la estampita porque la empresa les da papeles en vez de dinero. Sin embargo, esto solo es cierto cuando la empresa está en pérdidas o es insolvente.

Si una empresa obtiene beneficios, la forma que elija para retribuir a sus accionistas será igual de rentable para estos. La rentabilidad de las acciones depende de muchos factores pero no de la política de dividendos. La alternativa elegida solo cambiará la composición de la rentabilidad para el accionista, es decir, la parte de la misma atribuible a la plusvalía y la parte atribuible al rendimiento por dividendo.

Lo explicaré de dos maneras.

Explicación sencilla

a) Si la empresa decide no hacer absolutamente nada, es decir, ni repartir dividendos en efectivo ni regalar acciones, reinvertirá todos sus beneficios, lo cual le permitirá obtener un mayor crecimiento de resultados en el ejercicio siguiente. Es como si repartiera dividendos a sus accionistas y estos decidieran reinvertir esos mismos dividendos en la propia empresa. La acción no dará rendimiento por dividendo pero valdrá más porque la capacidad de crecimiento será mayor que si reparte beneficios. Toda la rentabilidad del accionista vendrá de la plusvalía.

b) Si la empresa decide repartir un porcentaje de su beneficio en efectivo, su capacidad de crecimiento se verá reducida en la misma proporción. Por ejemplo, si reparte el 40% de sus beneficios, su potencial de crecimiento disminuirá en un 40%. La plusvalía de la acción será inferior que en el caso anterior pero, en contrapartida, el accionista obtendrá un rendimiento. La suma de la plusvalía y del rendimiento será igual a la plusvalía del primer caso.

c) Si la empresa hace una ampliación liberada para regalar acciones como medio de remuneración, podrá reinvertir todas las ganancias pero los beneficios futuros se tendrán que repartir entre un mayor número de títulos. La acción valdrá menos que si reinvierte todas las ganancias y no aumenta capital, pero el accionista tendrá un mayor número de títulos y su participación en los resultados de la empresa habrá quedado inalterada. Si bien la plusvalía por acción será inferior que en el primer caso, la ganancia de capital será la misma debido al mayor número de acciones.

Explicación numérica

Supongamos una empresa que empieza con un patrimonio neto de 100.000 € y 10.000 acciones, y que el precio de la acción siempre es igual a su valor contable (a fin de aislar la volatilidad del precio de mercado). Al principio, el valor contable es de 10 € (patrimonio neto dividido por número de acciones), por lo que el precio inicial es de 10 €.

Al cabo de un año, la empresa obtiene un beneficio de 15.000 €.

a) La empresa no hace nada. En este caso, el patrimonio neto será de 115.000 € y el valor contable de 11,5 €. Como hemos supuesto que el precio es igual al valor contable, el precio será de 11,5 €. La plusvalía para el accionista será del 15%.

b) La empresa reparte el 40% de sus beneficios como dividendo en efectivo, o sea 6.000 €. El patrimonio neto resultante es de 109.000 € y el valor contable, de 10,9 €. La plusvalía para el accionista será del 9%.

El dividendo por acción será de 0,6 € (6.000 € repartidos entre 10.000 acciones) y el rendimiento, del 6% (ya que el precio pagado fue de 10 €). Por tanto, la rentabilidad para el accionista será una plusvalía del 9% más un rendimiento del 6%, en total un 15%.

Aquí habría que tener en cuenta la retención fiscal sobre el dividendo, de forma que el accionista ganaría más con la opción a).

c) La empresa hace una ampliación liberada en la proporción 1×20 (una acción gratis por cada 20 que tenga el accionista). Un accionista que compró hace un año 100 acciones, recibirá 5 acciones gratis.

Para averiguar cuánto valdrán las acciones como consecuencia de la ampliación solo tenemos que saber que el accionista no puede ganar nada de un día para otro. Esto se expresa con la siguiente fómula:

Lo que el accionista tiene un día antes de la ampliación = Lo que tendrá el día después

O sea:

100 acciones x 11,5 € = 105 acciones x nuevo precio

De aquí se deduce que el nuevo precio es de 10,952 €.

El efecto dilución o pérdida de valor de la acción causado por la ampliación es de 11,5 € – 10,952 € = 0,548 €.

La plusvalía será del 9,52%. Pero el accionista tendrá 105 acciones a un precio de 10,952 €, o sea 1.150 €, mientras que hace un año invirtió 1.000 € (compró 100 acciones a 10 €). Por tanto, su ganancia de capital es del 15%.

Otra opción del accionista es vender los derechos de suscripción. El valor del mismo será igual al efecto dilución, o sea 0,548 €. Como tiene 100 acciones también tiene 100 derechos, con cuya venta ingresa 54,8 €. Con esta opción, se quedaría con 100 acciones que valen 10,952 € pero obtiene un ingreso de 54,8 €. Su plusvalía es del 9,52% y su rendimiento vía derechos es del 5,48%. Por tanto, su rentabilidad es del 15%, igual que en los tres casos anteriores.

Diversas compañías españolas tienen políticas de remuneración que dan la opción de recibir el dividendo en acciones o en efectivo. Ver Dividendos en acciones: las diferentes opciones.

Conclusión

Hemos visto que sea cual sea la alternativa de remuneración elegida por la empresa, y sea cual sea la opción escogida por el accionista en caso de una ampliación liberada, la rentabilidad antes de impuestos y comisiones será la misma. Para el accionista que no necesita una renta, la mejor opción es cobrar el dividendo en títulos, pues así se ahorra la retención fiscal y las comisiones que tendría que pagar al reinvertir los dividendos en nuevas acciones.

 

 

Dividendos en acciones: las diferentes opciones

En los últimos años un buen número de sociedades cotizadas españolas ha recurrido al pago de dividendos en acciones. Esta modalidad de remuneración se denomina scrip dividend, dividendo flexible, dividendo opción o dividendo elección. Estos nombres indican que el accionista tiene varias alternativas en la manera como quiere cobrar su dividendo.

Para llevar a cabo estos programas de retribución, la sociedad debe hacer una ampliación de capital liberada, es decir, gratuita. El incremento en la cantidad de acciones dependerá del número de accionistas que opte por suscribir acciones nuevas. Con el fin de evitar que el aumento del número de acciones diluya el beneficio por acción, algunas empresas amortizan acciones en autocartera (las eliminan de la circulación) o bien compran acciones propias en el mercado para proceder a su posterior amortización. Es el caso de ACS, Ferrovial o Iberdrola.

La ampliación suele durar dos semanas, período en el cual los titulares de acciones pueden ejercer sus opciones.

Compañías del IBEX 35 que recientemente han ofrecido un programa de estas características a sus accionistas son las siguientes:

Este año, BBVA ha pagado su dividendo de abril en efectivo. Repsol iniciará su nuevo programa el 18 de junio. El próximo dividendo de Repsol

Bajo esta modalidad, las opciones que tienen los accionistas son las siguientes:

  • Cobrar el dividendo en acciones de acuerdo con una proporción determinada. Por ejemplo, en el actual programa de dividendo flexible de Ferrovial, los accionistas pueden recibir una acción gratis por cada 56 que tengan. Equivale a cobrar el dividendo y destinar el ingreso a comprar más acciones de la misma compañía, o sea a una reinversión del dividendo, con la ventaja de el dividendo se percibe íntegro mientras que si se cobra en efectivo hay que pagar retención fiscal.
  • Vender los derechos de suscripción en bolsa. El accionista que no quiera acciones nuevas puede vender sus derechos en bolsa a otro inversor que sí quiera suscribirlas. Se tienen tantos derechos como acciones. Un accionista de Ferrovial con 56 acciones tendría 56 derechos, otro con 560 acciones tendría 560 derechos, etc. Actualmente esta opción tributa del mismo modo que un dividendo regular.
  • Cobrar un dividendo en efectivo. El accionista vende sus derechos de suscripción (en este caso llamados derechos de asignación gratuita) directamente a la sociedad, pero equivale al cobro de un dividendo en efectivo.

Estas opciones se pueden combinar entre sí. Por ejemplo, un inversor con 560 acciones de Ferrovial puede decidir cobrar el dividendo de la mitad de sus títulos y suscribir nuevas acciones con la otra mitad. Como el dividendo en efectivo es de 0,314 € brutos (0,25434 € netos), recibiría 280 x 0,025434 € = 71,21 € en efectivo. Por otro lado, suscribiría 280 / 56 = 5 acciones nuevas, que el 17 de mayo (fecha de descuento del dividendo) valían 17,44 €. O sea, el valor de mercado de las 5 acciones recibidas como pago del dividendo en especie era de 87,2 €. Como se ve, el valor del dividendo en acciones es superior al del dividendo en efectivo porque este tiene retención fiscal del 19%. Sin esta, la retribución en efectivo habría sido de 87,92 €.

Si se quiere un ingreso en efectivo hay dos opciones: vender los derechos o solicitar el pago en efectivo. La primera opción es preferible cuando el valor del derecho en bolsa es superior al del dividendo en efectivo. En el caso de Ferrovial, si supera los 0,314 €. Aunque hay que tener en cuenta las comisiones del broker. En la primera semana de la ampliación de Ferrovial, el derecho ha cotizado entre 0,304 € y 0,3174 €.

Para un inversor que quiera acumular capital, la mejor opción es suscribir las acciones ya que de este modo evita la retención fiscal y las comisiones de compra de nuevos títulos.

Dividendos del IBEX 35 en los próximos doce meses (abril 2018-marzo 2019)

Por qué los dividendos en acciones son igual de válidos (o mejores) que en efectivo

 

 

Ampliaciones de capital gratuitas, ¿buenas o malas para el accionista? Parte II (ejemplo numérico)

Partiremos de una empresa que hace un año tenía 10.000 acciones y un patrimonio neto de 1.000.000 euros, y de un accionista que tiene 20 acciones compradas a 100 euros. Supondremos que el precio de la acción es igual a su valor contable. En tal caso, el precio será igual al patrimonio neto dividido por el número de acciones, o sea 100 euros.

Opción 1: dividendo

Al cabo de un año, la empresa gana 150.000 euros netos y decide repartir el 40% de ese beneficio como dividendos, o sea 60.000 euros. A cada acción le corresponderán 6 euros (60.000 euros dividido por 10.000 acciones). Como el accionista compró las acciones a 100 euros, tendrá un rendimiento por dividendo del 6%.

El precio de las acciones será el nuevo patrimonio neto dividido por el número de acciones. Como los beneficios no distribuidos son de 90.000 euros (los beneficios netos menos los dividendos pagados), el nuevo patrimonio neto será de 1.090.000 euros. Por tanto, el valor contable será de 109 euros. Como hemos supuesto que el precio es igual al valor contable, la plusvalía obtenida por el accionista será del 9%.

La rentabilidad es la suma de la plusvalía y del rendimiento: un 15% en este caso.

Opción 2: suscribir nuevas acciones

Imaginemos que la sociedad no quiere pagar dividendos y en vez de eso hace una ampliación liberada en la proporción de 1 acción nueva por cada 20 antiguas.

La ampliación hará bajar el precio de las acciones que ya están en circulación porque los dividendos futuros se tendrán que repartir entre un número mayor de títulos.

Primero tenemos que tomar como referencia el precio que habría sin la ampliación. Puesto que la sociedad no paga dividendos, su nuevo patrimonio neto será de 1.150.000 euros, es decir, destina todo el beneficio a recursos propios. El valor contable y el precio serían de 115 euros. Pero al hacer la ampliación crea una acción nueva por cada 20 antiguas, o sea 500 acciones en total. Por tanto, el nuevo precio será de 1.150.000 dividido por 10.500 acciones, que es 109,52 euros.

En realidad, cuando hay una ampliación el nuevo precio no se calcula así porque el precio de las acciones no suele coincidir con su valor contable. Lo que se hace es aplicar una sencilla fórmula: «Antes = Después». Es decir, la ampliación no hace milagros, de modo que un accionista que acuda a la ampliación tendrá la misma cantidad de dinero antes que después de suscribir las nuevas acciones.

Antes de la ampliación, un accionista con 20 acciones tenía 20 x 115 = 2.300 euros. Después tendrá 21 acciones pero este conjunto de acciones seguirá valiendo 2.300 euros. Esto significa que cada acción valdrá 2.300 / 21 = 109,52 euros. Como se puede ver, el mismo resultado obtenido al calcular el valor contable. En la práctica, las acciones suelen cotizar por encima del valor contable, por ejemplo 1,5 veces por encima. En tal caso, el precio sería de 1,5 x 109,52 euros. La lógica es la misma, solo cambia la proporción.

El accionista compró esas 20 acciones hace un año a 100 euros. Así, la inversión inicial fue de 2.000 euros. Ahora tiene 2.300 euros, por lo que su ganancia de capital o plusvalía es del 15%. Como en este caso no hay pago en efectivo, el rendimiento es cero. Por tanto, la rentabilidad coincide con la plusvalía. El mismo resultado que en el caso de cobrar el dividendo.

Opción 3: vender los derechos de suscripción

El accionista que no quiere suscribir nuevas acciones, puede vender los derechos de suscripción. En una ampliación, cada acción antigua genera un derecho de suscripción. Un accionista con 20 acciones tendrá 20 derechos.

Esos derechos tienen un valor teórico, que es la diferencia entre el precio que había antes de la ampliación (115 euros) y el nuevo precio (109,52 euros), o sea 5,48 euros. Por definición, el valor del derecho equivale a la pérdida de valor de la acción, lo que se denomina efecto dilución. Es una manera de compensar al accionista por la depreciación de sus acciones como consecuencia de la creación de los nuevos títulos.

El accionista continuará teniendo 20 acciones pero a un precio de 109,52 euros, lo que hace un total de 2.190,5 euros. Al haber comprado esas acciones a 100 euros, tendrá una plusvalía del 9,52%. Pero al ingresar 5,48 euros por cada derecho, percibirá una renta total de 20 x 5,48 = 109,52 euros. Así, el rendimiento generado por la venta de derechos será igual a 109,52 / 2.000 = 5,48%. La suma de ambos conceptos vuelve a dar un 15%, la misma rentabilidad que en los casos anteriores.

Por tanto, la rentabilidad bruta de las tres opciones es la misma. En las opciones de dividendo flexible, las empresas compran los derechos a un precio fijo, que es el valor teórico. Pero si esos derechos se venden en el mercado, el precio puede situarse por encima o por debajo del valor teórico. En tal caso, al rentabilidad será mayor o menor al 15%. Por otro lado, hay que tener en cuenta los aspectos fiscales que ya comenté en el artículo anterior (Ampliaciones de capital gratuitas, ¿buenas o malas para el accionista?)

Ampliaciones de capital con descuento, ¿qué gana el accionista?

Ampliaciones de capital gratuitas, ¿buenas o malas para el accionista?

En los últimos años se ha puesto de moda que las empresas cotizadas en bolsa ofrezcan a sus accionistas una triple opción de retribución en vez de limitarse al pago del dividendo. Estas operaciones reciben nombres como Dividendo Opción, Dividendo Flexible u otros similares. ¿Cuál es la mejor de las tres opciones disponibles?

La primera opción es recibir acciones gratis. Cuando tenemos esa posibilidad es porque la sociedad hace una ampliación de capital liberada, que es una forma de remunerar al accionista sin que la empresa tenga que desembolsar dinero. Al crear más acciones, los beneficios tendrán que repartirse entre un número mayor de títulos, lo cual hace caer el precio de la acción. ¿Es eso bueno para el accionista? Luego lo veremos.

La segunda opción viene generada directamente por la primera. El accionista no tiene por qué suscribir las nuevas acciones si no lo desea. Una ampliación genera unos derechos de suscripción que se pueden usar para suscribir nuevas acciones o bien para venderlos en bolsa. La posibilidad de elegir entre nuevas acciones y un ingreso en efectivo es una gran ventaja de las ampliaciones de capital. Los dividendos obligan a aquellos accionistas que quieren reinvertir todas sus ganancias en bolsa a acumular suficiente dinero para comprar más acciones, lo cual puede suponer una pérdida de rentabilidad, al menos en un ciclo alcista.

La tercera opción no está normalmente disponible en una ampliación de capital liberada pero ahora es ofrecida por un número creciente de empresas. Se trata de vender los derechos a la misma empresa que realiza la ampliación, en vez de venderlos en el mercado. Equivale al pago de un dividendo. La ventaja es que el precio de los derechos está fijado de antemano. En cambio, el valor de los derechos en bolsa puede experimentar fuertes fluctuaciones. En este sentido, quien tenga ánimo especulador puede vender los derechos en el mercado si el precio sube por encima del precio fijado por la empresa o venderlos a la sociedad en caso contrario.

A nivel fiscal, suscribir nuevas acciones y vender los derechos de suscripción en el mercado no tributa. Pero en ambos casos se minora el precio de adquisición de las acciones que ya se poseían, de modo que en el momento de vender estas, se generará una mayor plusvalía. Por tanto, se trata de una fiscalidad diferida. Si las acciones generaran minusvalías, entonces las nuevas acciones o el ingreso por la venta de los derechos quedarían exentos de impuestos.

En cambio, si el accionista vende los derechos a la empresa entonces sí que debe tributar por ellos, igual que si se tratara de un dividendo. Obviamente, a los inversores con mayor renta y mayor tipo impositivo, esta es la opción menos interesante a nivel fiscal. En cambio, para aquellos que no tengan un gran capital en bolsa (hasta 50.000 euros aproximadamente) esta puede ser la mejor elección porque los primeros 1.500 euros recibidos en concepto de dividendos están exentos de tributación. Hay que tener en cuenta que todos los dividendos están sujetos a retención fiscal pero posteriormente Hacienda procede a la devolución de las retenciones si el total de dividendos percibidos no supera el importe indicado.

Aparte de estas consideraciones, ¿cuál es la opción más rentable para el accionista?

Cuando una sociedad amplía capital, los beneficios y dividendos futuros tendrán que repartirse entre más acciones. Eso se denomina efecto dilución y hace caer el precio de la acción. Sin embargo, al no haber pagado dividendos, la empresa estará más capitalizada, es decir tendrá más recursos propios para invertir y podrá generar más beneficios y dividendos en el futuro. Lo que se pierde por un lado se gana por otro. Pero, ¿la ganancia supera a la pérdida o a la inversa?

Lo cierto es que ambas se compensan mutuamente. El valor de referencia del derecho de suscripción, que determina el precio al cual la empresa compra los derechos a los inversores que no quieran venderlos en el mercado, equivale exactamente a la pérdida de valor de la acción debida al efecto dilución.

En realidad, la rentabilidad bruta en las tres opciones es la misma para el accionista (ver demostración). La única excepción puede darse si el inversor vende los derechos en el mercado porque en tal caso puede obtener un precio mayor o menor al valor de referencia.

La elección entre una u otra de las tres opciones depende de la preferencia del inversor (acumular ganancias o recibir rendimientos), de la cantidad invertida en bolsa y de la situación fiscal.

En resumen:
Para inversores que quieran reinvertir todas sus ganancias en bolsa, la mejor opción es suscribir nuevas acciones.
Para inversores que quieran un ingreso en efectivo y tengan un elevado tipo impositivo, la mejor opción es vender los derechos de suscripción en el mercado.
Para inversores que quieran un ingreso en efectivo y tengan un capital invertido en bolsa de hasta 50.000 euros aproximadamente, la mejor opción es vender los derechos de suscripción a la empresa.

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