Ampliaciones de capital gratuitas, ¿buenas o malas para el accionista?

En los últimos años se ha puesto de moda que las empresas cotizadas en bolsa ofrezcan a sus accionistas una triple opción de retribución en vez de limitarse al pago del dividendo. Estas operaciones reciben nombres como Dividendo Opción, Dividendo Flexible u otros similares. ¿Cuál es la mejor de las tres opciones disponibles?

La primera opción es recibir acciones gratis. Cuando tenemos esa posibilidad es porque la sociedad hace una ampliación de capital liberada, que es una forma de remunerar al accionista sin que la empresa tenga que desembolsar dinero. Al crear más acciones, los beneficios tendrán que repartirse entre un número mayor de títulos, lo cual hace caer el precio de la acción. ¿Es eso bueno para el accionista? Luego lo veremos.

La segunda opción viene generada directamente por la primera. El accionista no tiene por qué suscribir las nuevas acciones si no lo desea. Una ampliación genera unos derechos de suscripción que se pueden usar para suscribir nuevas acciones o bien para venderlos en bolsa. La posibilidad de elegir entre nuevas acciones y un ingreso en efectivo es una gran ventaja de las ampliaciones de capital. Los dividendos obligan a aquellos accionistas que quieren reinvertir todas sus ganancias en bolsa a acumular suficiente dinero para comprar más acciones, lo cual puede suponer una pérdida de rentabilidad, al menos en un ciclo alcista.

La tercera opción no está normalmente disponible en una ampliación de capital liberada pero ahora es ofrecida por un número creciente de empresas. Se trata de vender los derechos a la misma empresa que realiza la ampliación, en vez de venderlos en el mercado. Equivale al pago de un dividendo. La ventaja es que el precio de los derechos está fijado de antemano. En cambio, el valor de los derechos en bolsa puede experimentar fuertes fluctuaciones. En este sentido, quien tenga ánimo especulador puede vender los derechos en el mercado si el precio sube por encima del precio fijado por la empresa o venderlos a la sociedad en caso contrario.

A nivel fiscal, suscribir nuevas acciones y vender los derechos de suscripción en el mercado no tributa. Pero en ambos casos se minora el precio de adquisición de las acciones que ya se poseían, de modo que en el momento de vender estas, se generará una mayor plusvalía. Por tanto, se trata de una fiscalidad diferida. Si las acciones generaran minusvalías, entonces las nuevas acciones o el ingreso por la venta de los derechos quedarían exentos de impuestos.

En cambio, si el accionista vende los derechos a la empresa entonces sí que debe tributar por ellos, igual que si se tratara de un dividendo. Obviamente, a los inversores con mayor renta y mayor tipo impositivo, esta es la opción menos interesante a nivel fiscal. En cambio, para aquellos que no tengan un gran capital en bolsa (hasta 50.000 euros aproximadamente) esta puede ser la mejor elección porque los primeros 1.500 euros recibidos en concepto de dividendos están exentos de tributación. Hay que tener en cuenta que todos los dividendos están sujetos a retención fiscal pero posteriormente Hacienda procede a la devolución de las retenciones si el total de dividendos percibidos no supera el importe indicado.

Aparte de estas consideraciones, ¿cuál es la opción más rentable para el accionista?

Cuando una sociedad amplía capital, los beneficios y dividendos futuros tendrán que repartirse entre más acciones. Eso se denomina efecto dilución y hace caer el precio de la acción. Sin embargo, al no haber pagado dividendos, la empresa estará más capitalizada, es decir tendrá más recursos propios para invertir y podrá generar más beneficios y dividendos en el futuro. Lo que se pierde por un lado se gana por otro. Pero, ¿la ganancia supera a la pérdida o a la inversa?

Lo cierto es que ambas se compensan mutuamente. El valor de referencia del derecho de suscripción, que determina el precio al cual la empresa compra los derechos a los inversores que no quieran venderlos en el mercado, equivale exactamente a la pérdida de valor de la acción debida al efecto dilución.

En realidad, la rentabilidad bruta en las tres opciones es la misma para el accionista (ver demostración). La única excepción puede darse si el inversor vende los derechos en el mercado porque en tal caso puede obtener un precio mayor o menor al valor de referencia.

La elección entre una u otra de las tres opciones depende de la preferencia del inversor (acumular ganancias o recibir rendimientos), de la cantidad invertida en bolsa y de la situación fiscal.

En resumen:
Para inversores que quieran reinvertir todas sus ganancias en bolsa, la mejor opción es suscribir nuevas acciones.
Para inversores que quieran un ingreso en efectivo y tengan un elevado tipo impositivo, la mejor opción es vender los derechos de suscripción en el mercado.
Para inversores que quieran un ingreso en efectivo y tengan un capital invertido en bolsa de hasta 50.000 euros aproximadamente, la mejor opción es vender los derechos de suscripción a la empresa.

Ampliaciones de capital gratuitas, ¿buenas o malas para el accionista? Parte II (ejemplo numérico)

Ampliaciones de capital con descuento, ¿qué gana el accionista?

 

 

 

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