¿Sufrirá China su gran depresión?

Se ha estado hablando estos días acerca de los parecidos del desplome de la bolsa de China con el crac de la bolsa de Nueva York en 1929. Sin embargo, el llamado crac del 29 no fue más que la caída experimentada por la bolsa americana entre el 3 de septiembre y el 13 de noviembre de 1929.

Groucho Marx crac 1929
El actor Groucho Marx perdió su fortuna en el crac de 1929. Viñeta del cómic “La máquina de hacer dinero“, de Carlos Torres Blánquez y Ona Peña Senmartí.

Como puede verse en el cuadro siguiente, el mercado subió un 48% en los cinco meses siguientes al desplome. Pero la caída de la bolsa había dejado al descubierto la vulnerabilidad de un crecimiento económico sustentado en un exceso de endeudamiento. Los bancos empezaron a tener problemas para cobrar sus préstamos y muchos se volvieron insolventes.

El 9 de octubre de 1930, el índice Dow Jones de la bolsa de Nueva York alcanzó un nuevo mínimo en 192 puntos.  Se trató de un típico aviso de ciclo bajista tal como lo he definido en mis libros Un náufrago en la Bolsa (2005) y Caos en la Bolsa (2015). El ciclo no acabaría, tras una serie de pronunciados altibajos, hasta el 8 de julio de 1932. El período de 1930 a 1933 es lo que se conoce como la Gran Depresión.

En China ha tenido lugar un desplome bursátil de menor calibre que el de 1929 en Estados Unidos, al menos de momento. Pero no podemos decir que se hayan sentado las bases para una gran depresión en los próximos años.

Se ha señalado que el auge bursátil de los últimos años no ha estado fundado tanto sobre la fortaleza del crecimiento económico como por el aumento de las compras de acciones a crédito, que antes de 2010 estaban muy restringidas pero que han sido progresivamente liberalizadas desde entonces. Algo parecido a lo que ocurrió en Estados Unidos durante los “felices años 20“.

Otra gran similitud con la situación previa a la del crac de 1929 es que los inversores chinos dejaron de invertir en el mercado inmobiliario en 2014 tras el derrumbe del precio de los bienes inmuebles y volcaron sus ahorros en la bolsa, tal como ocurrió en Estados Unidos entre 1927 y 1929.

Un premonitorio artículo del periodista de la BBC Robert Peston titulado “China: ¿se avecina una crisis que sacudirá al mundo?“ publicado en la temprana fecha de febrero de 2014, destacaba las debilidades del modelo de crecimiento del país, que según él se basaba en un exceso de “inversión tóxica“.

En los últimos años, China ha construido un nuevo rascacielos cada cinco días, más de 30 aeropuertos, metros en 25 ciudades, los tres puentes más largos del mundo, casi 10.000 kilómetros de líneas de tren de alta velocidad, 42.000 kilómetros de autopistas y desarrollos inmobiliarios comerciales y residenciales en una escala inconcebible.

Pero la Gran Depresión americana estuvo motivada principalmente por la respuesta ante la crisis, más que por las causas de la propia crisis. Y las autoridades chinas están encarando el problema de una forma muy diferente a como lo hizo Estados Unidos en los años 30 del siglo pasado.

Es más importante la respuesta al problema que el problema porque ante un problema tenemos dos opciones: solucionarlo o empeorarlo. En 1930-1932, las autoridades americanas lo empeoraron. Las chinas, en cambio, si bien han creado un problema muy gordo, están tomando medidas que parecen más acertadas.

EEUU 1919-1932

El circuito del dinero es para la economía lo que la circulación de la sangre es para nuestro cuerpo. También podemos establecer una comparación con un atasco circulatorio en los accesos a una gran ciudad. Imaginemos que por alguna razón un gran número de ciudadanos no pudiera acudir a su trabajo por este motivo. Sería un problema económico, ¿no? Cuanto todos estos sistemas circulatorios fallan hay que localizar los puntos donde se producen los colapsos y/o habilitar nuevas vías.

En 1930, el gobierno americano y el banco central de los Estados Unidos, la Reserva Federal, tomaron medidas protectoras o de estímulo. El gobierno aprobó la ley Smoot-Hawley, que impuso fuertes aranceles a los productos extranjeros con el fin de favorecer el consumo de bienes nacionales e incrementó el gasto público para fomentar el empleo. Por su parte, la Reserva Federal dejó el tipo de interés al 1,5%.  Pero las autoridades no solucionaron el problema de la circulación del dinero.

Se tomaron medidas que muchos siguen recomendando hoy en día: el proteccionismo comercial, dejar hundir a los bancos y la pasividad monetaria. Sin embargo, estas fueron las causas principales de la Gran Depresión de 1930-1932.

La Reserva Federal dejó quebrar a los bancos que habían sido irresponsables pero eso causó que muchos ciudadanos perdieran sus ahorros. Fue, salvando las distancias, como dejar hundir al Titanic porque el barco había navegado demasiado deprisa en una zona de icebergs.

Proteccionismo
El proteccionismo comercial fue una de las causas principales de la Gran Depresión y del subsiguiente desastre que se produciría en Europa años más tarde. Dibujo de Ona Peña Senmartí.

El proteccionismo empeora el problema circulatorio del dinero. La ley Smoot-Hawley de junio de 1930 provocó represalias en los demás países, que cerraron sus fronteras a los productos estadounidenses, lo que llevó a la ruina a muchos agricultores americanos. Estos, que se habían endeudado para aumentar la capacidad de sus explotaciones, no pudieron devolver sus préstamos a los bancos, de modo que aumentaron las insolvencias bancarias. Dicen que una buena defensa es el mejor ataque. En este sentido, la defensa proteccionista fue el mayor ataque que se le pudo hacer a la economía americana. En 1933, el 40% de los bancos estadounidenses había quebrado.

Además, el banco central de Estados Unidos no inyectó dinero en el sistema para compensar el que había desaparecido con las quiebras bancarias y la pérdida de ahorros. Uno de los motivos principales fue el patrón-oro, un sistema monetario en el que el dólar estaba vinculado al metal precioso y que obligaba a que la cantidad de dinero en circulación guardara una proporción determinada en relación al oro de que disponía la Reserva Federal.

China reaccionó de modo diferente tras la crisis económica de 2008 y la gran debacle bursátil de aquel año, cuando el índice de la bolsa de Shanghai cayó un 72% desde el máximo de 2007.

Como explica Robert Peston en el mencionado artículo, la crisis financiera y económica de Occidente causó una contracción repentina del comercio mundial que fue catastrófica para el gigante asiático, cuyo crecimiento se basa en gran parte en las exportaciones.

Visité China en ese momento y fui testigo de las multitudes de pobres trabajadores migrantes empacando todas sus posesiones, incluyendo niños en sus espaldas, y encaminándose a sus aldeas. Era alarmante para el gobierno y amenazó con romper el contrato implícito entre el gobernante Partido Comunista y el pueblo chino: que renuncien a sus derechos democráticos con el fin de enriquecerse.

Peston explica que la reacción del gobierno chino fue aumentar todavía más el nivel de inversión, que antes de la crisis ya era extraordinario. Pero se trataba (y se trata) de una inversión planificada por el Estado, no por el mercado, de modo que una parte sustancial de la misma no obedece a criterios de rentabilidad económica: es lo que Preston define como “inversión tóxica“, con el agravante de una corrupción institucionalizada.

Por eso, en China hay grandes desarrollos residenciales e incluso una ciudad entera donde las luces nunca se encienden y por qué hay autopistas relucientes con apenas tráfico.

Pero lo que hace que la mayor parte del gasto y la inversión sean tóxicas es la forma en que se financió: se ha producido una explosión de préstamos. (…)

Y el derroche actual a nivel de construcción enriquece a miles de funcionarios comunistas a partir de un sistema de sobornos institucionalizados.

La explosión de préstamos fue de una magnitud nunca vista. Según la analista Charlene Chu consultada por Robert Peston, el sector bancario chino creció entre 2008 y 2014 tanto como toda la banca comercial de Estados Unidos en un siglo.China 2001-2015

Un artículo del 20 de junio aparecido en el portal financiero Gold-Eagle alertaba de un inminente desplome de la bolsa china, tal como efectivamente ocurrió, y advertía que el índice de Shanghai podría caer más de la mitad hasta finales de 2016, ya que el 85% de las compañías cotizadas estaban más caras que en los máximos de 2007. En tal caso, seria el tercer gran colapso de la bolsa de este país desde 2001.

Pero en el pasado (tanto en el período 2001-2005 como en 2007-2008) la economía china ha conseguido crecer mientras la bolsa se derrumbaba, algo que no ocurre en los países occidentales, donde los ciclos bajistas coinciden en buena parte con períodos de crisis económica. En el período 2001-2005 la bolsa de Shanghai perdió más de la mitad de su valor pero no fue en realidad una crisis bursátil tal como lo entendemos. Según el libro Chinese Economy in the post-WTO environment, editado en 2011 por Lilai Xu, la caída se debió a un desajuste entre la oferta y la demanda de acciones negociables.

Es probable que en los próximos años tenga lugar el mismo escenario, o sea que China siga creciendo pero que la bolsa siga bajando. En todo caso, una recuperación espectacular del mercado no significará que se han disipado los riesgos. Tras un desplome bursátil suele haber una recuperación intensa. Recordemos que incluso después del crac de 1929, la bolsa de Nueva York subió un 48%.

 

 

China: corralito de acciones

China se ha especializado en copiar todo lo imaginable. Como revelaba el documental Cultura de falsificaciones emitido por el segundo canal de TVE hace unos días, en Europa se introducen cada año millones de medicamentos falsificados procedentes principalmente de China y se han llegado a encontrar tratamientos falsos contra el cáncer en hospitales occidentales. La explosión del último vuelo del Concorde fue causada por una pieza falsa que había acabado en la pista de despegue y se ha constatado que hasta el Air Force One ha volado con piezas piratas.

EEUU halla miles de piezas chinas falsas en sus misiles y aviones militares (El Confidencial)

La imitación china no se limita a los productos sino a tiendas enteras, como las de Apple, y… a la historia financiera de otros países.

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En un artículo reciente ya he señalado dos fuertes similitudes entre el 1928 de los Estados Unidos y el 2014 de China. En ambos años y en ambos países, la burbuja inmobiliaria empezó a desinflarse, lo que motivó a muchos inversores a volcar sus ahorros con mayor ahínco en la bolsa. Otra similitud la encontramos en la gran expansión de los créditos para comprar acciones (créditos de apalancamiento), incluso entre inversores no profesionales.

Lo que se conoce como “crac del 29“ fue la caída del 48% experimentada por la bolsa de Nueva York entre el 3 de septiembre y el 13 de noviembre de 1929. A continuación hubo una recuperación espectacular del 48% (coincidencia numérica) hasta el 17 de abril de 1930. Pero a continuación se desató un ciclón bajista hasta el 8 de julio de 1932, día en el que la bolsa americana había perdido el 89% de su valor respecto al máximo de 1929.

En los últimos años, China ya ha asimilado varios terremotos bursátiles. El índice SSE 180 de la bolsa de Shanghai cayó un 40% entre abril de 2004 y julio de 2005, y un 72% entre octubre de 2007 y noviembre de 2008. Después de noviembre de 2008 hubo una recuperación del 129% hasta agosto de 2009. A continuación la bolsa china se sumió en un largo letargo de cuatro años y medio hasta marzo de 2014, período en el que perdió un 46% de su valor. A partir de aquí se produjo la explosión que la llevó a subir un 158% hasta el 8 de junio de este año, cuando alcanzó los 11.741 puntos. En un mes (hasta el 8 de julio) ha perdido un 30,7%.

Lo que preocupa ahora es el impacto que puedan tener las pérdidas en los millones de pequeños ahorradores que se habían acercado a este mercado. Muchos han tenido que vender con fuertes pérdidas para cancelar sus créditos de apalancamiento. Otros muchos no han podido vender porque algo más de la mitad de las 2.800 empresas que cotizan en este mercado han decidido suspender la negociación de sus títulos para evitar caídas mayores, en lo que viene a ser un corralito de acciones. Además, otras 400 compañías han sido suspendidas de cotización al haber superado los límites máximos de caída. A pesar de las intensas recuperaciones que suelen darse tras este tipo de desplomes, se teme que las pérdidas se intensifiquen cuando vuelvan a cotizar las acciones que ahora están suspendidas de negociación.

El día 8 de julio (con el SSE 180 a 8138 puntos), la relación precio-beneficio (PER) de la bolsa de Shanghai era de 17,31, según datos de la propia institución, un valor que no es excesivo aunque en un contexto de recesión de los beneficios empresariales como el que parece que se está dando en China en estos momentos podría ser un valor alto todavía.

Afortunadamente, el banco central de China no parece dispuesto a imitar los errores de la Reserva Federal de los Estados Unidos después del crac de 1929 ni el gobierno chino parece querer seguir los torpes pasos del gobierno de Herbert Hoover, por lo que es de esperar que el gigante asiático se libre de una gran depresión.

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